¿Quién paga las comisiones de una tarjeta?
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Las paga el comercio, y lo interesante es de qué se componen: una parte va al banco del cliente, otra a la marca de la tarjeta y solo la tercera es negociable. Cómo leer la factura y qué comisiones no son de la tarjeta aunque aparezcan juntas.
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Las paga el comercio. Esa es la respuesta corta y no tiene matices: cuando un cliente paga con tarjeta, quien soporta la comisión es el local, no el cliente ni el banco.
Lo interesante empieza después, porque esa comisión no es una cifra sino tres, y solo una de las tres se puede negociar. Saber cuál cambia por completo la conversación con el proveedor de pagos.
Aquí está de qué se compone, qué parte es discutible, por qué un café de dos euros cuesta proporcionalmente más que una comida de cuarenta, cómo se lee una factura y qué comisiones aparecen al lado sin ser de la tarjeta.
De qué se compone la comisión
De tres piezas que viajan juntas en la factura y van a tres sitios distintos.
| Pieza | Adónde va | ¿Se negocia? |
|---|---|---|
| Tasa de intercambio | Al banco que emitió la tarjeta | No |
| Tasa de la marca | A la marca de la tarjeta | No |
| Margen del proveedor | A quien le da el servicio | Sí |
La primera es la que cobra el banco del cliente por prestar su tarjeta a la operación. En Europa está limitada por norma para las tarjetas de consumidor más comunes, y es igual para todos los comercios: ni usted ni su proveedor pueden tocarla.
La segunda es lo que cobra la marca por usar su red. Tampoco se negocia y suele ser la parte más pequeña de las tres.
La tercera es el margen de quien le presta el servicio. Es la única que depende de con quién trabaje, y por tanto la única sobre la que tiene sentido pedir mejora.
La consecuencia práctica es útil: cuando alguien le ofrece una tarifa mucho más baja que otra, la diferencia está casi toda en ese tercer trozo, porque los otros dos son iguales para todos.
Por qué un café cuesta proporcionalmente más
Porque casi todas las tarifas tienen dos partes: un porcentaje del importe y una cantidad fija por operación. La fija es la que arruina los tickets pequeños.
Sobre una comida de cuarenta euros, esa cantidad fija es irrelevante. Sobre un café de dos euros puede pesar más que el porcentaje, y en un local con muchos cobros pequeños es lo que explica una factura que no cuadra con lo que uno esperaba.
De ahí una pregunta concreta que casi nadie hace al negociar: cuál es la parte fija por operación. Un décimo de porcentaje menos no compensa una fija más alta si su ticket medio son cuatro euros.
Y de ahí una decisión de sala que muchos bares toman sin darse cuenta: el mínimo para pagar con tarjeta. Antes de ponerlo conviene mirar qué dice su contrato y qué está permitido, porque no es una decisión libre del todo.
Las tarjetas que cuestan más
No todas las tarjetas cuestan lo mismo, y en un local con clientela de fuera eso se nota en la factura sin que nadie haya cambiado nada.
Las emitidas fuera del Espacio Económico Europeo no están sujetas a los límites europeos de tasa de intercambio, así que cobrarlas sale más caro. Es la causa número uno de que a un local de zona turística le suba el porcentaje medio en agosto.
Las tarjetas de empresa también suelen estar fuera de esos límites. En un local de menú del día con clientela de oficina, esa proporción puede ser alta y explicar diferencias entre dos bares de la misma calle.
Nada de eso se puede evitar ni se debería intentar: rechazar una tarjeta por ser cara es perder la venta entera. Lo que sí se puede es saberlo, para no pensar que el proveedor le ha subido la tarifa cuando lo que ha cambiado es su clientela.
Qué más cambia en un local con clientela extranjera
Cómo leer la factura
Hay dos formas de presentarla y conviene saber cuál le están dando, porque la comparación entre ofertas depende de eso.
Una tarifa única: un porcentaje igual para todas las operaciones, sin distinguir tipo de tarjeta. Es cómoda de entender y esconde que unas tarjetas cuestan mucho más que otras; el proveedor asume esa diferencia y se la cobra promediada.
Una tarifa desglosada: aparece por separado lo que va al banco emisor, lo que va a la marca y lo que se queda el proveedor. Es más difícil de leer y es la única que permite ver cuál de las tres piezas le están cobrando de más.
Si su volumen es pequeño, la primera suele ser suficiente y más sencilla de gestionar. Si su volumen es alto, la segunda es la que le da argumentos, porque enseña el único trozo negociable.
En cualquiera de los dos casos, pida el detalle por tipo de tarjeta una vez al año. Es la forma de descubrir que su mezcla ha cambiado y de saber si conviene revisar el acuerdo.
¿Se le puede cobrar al cliente?
Es la pregunta que aparece siempre y la respuesta corta es que no con libertad: en la Unión Europea está limitado añadir un recargo al cliente por pagar con las tarjetas de consumidor más comunes.
Esa es una cuestión regulada y con matices según el tipo de tarjeta y de operación, así que no es sitio para improvisar ni para fiarse de lo que se cuenta en el gremio. Antes de poner ningún cartel, consúltelo con su gestoría.
Lo que sí puede hacer cualquier local es lo de siempre: incorporar el coste de cobrar a sus precios, como se incorpora la luz o el alquiler. No es un recargo: es un precio.
Y conviene mirar el asunto con perspectiva: el coste de no aceptar tarjeta suele ser mayor que la comisión. Una mesa que se levanta porque solo acepta efectivo cuesta la venta entera, no un porcentaje de ella.
El datáfono y su contrato
Va aparte de la comisión y se olvida al comparar, aunque llegue en la misma conversación y a veces en la misma factura.
Puede ser alquiler mensual, compra del aparato o cesión gratuita a cambio de un compromiso de volumen. Las tres formas existen y las tres son legítimas; lo que cambia es qué pasa si deja de cumplir el volumen o si quiere irse antes.
Pregunte tres cosas concretas: si hay permanencia y de cuánto, qué pasa si no llega al volumen comprometido, y quién paga la reparación cuando el aparato falle un sábado.
Y una más que se agradece en temporada: si se puede dar de baja un aparato los meses cerrados. En un chiringuito, pagar el alquiler de dos datáfonos de noviembre a marzo es dinero que no hace falta.
Las comisiones que no son de la tarjeta
Es donde se produce la confusión más cara, porque llegan en la misma conversación y a veces en la misma factura.
| Qué | Quién lo cobra | De qué depende |
|---|---|---|
| Comisión de la tarjeta | El proveedor de pagos | Del importe y del tipo de tarjeta |
| Alquiler del datáfono | El proveedor de pagos | Del aparato |
| Cuota del software | El proveedor del sistema | Del tamaño del local o de nada |
| Comisión por pedido | El proveedor del sistema | De lo que venda por él |
| Comisión de un portal | El portal | De lo que venda por el portal |
Las dos primeras son del mundo de los pagos y existen aunque no tenga ningún sistema digital: ya las paga hoy con su datáfono de siempre.
Las dos siguientes son del programa que le enseña la carta y recoge los pedidos, y son las que se comparan entre proveedores. Mezclarlas con la comisión bancaria hace que una oferta parezca cara o barata sin que se pueda saber cuál de las dos cosas está mirando.
Y la última es de otra categoría: un portal cobra por traerle el cliente, no por procesar el cobro. Es un gasto de captación y se juzga con otra cuenta.
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Los pagos desde el móvil del cliente
Cuando el cliente paga acercando su teléfono o desde una aplicación, por debajo suele haber la misma tarjeta de siempre. Para el local, eso significa que el coste no cambia por el gesto.
Lo que sí cambia es la aceptación: hay clientes que no llevan tarjeta física y pagan solo así, y en zona turística son bastantes. Rechazarlo es perder la venta entera, no un porcentaje de ella.
Existen además medios de pago que no van sobre tarjeta y tienen su propio coste, normalmente menor. Merece la pena preguntarlos, aunque su adopción dependa mucho de la zona y de la edad de la clientela.
La pregunta útil para el proveedor no es cuáles acepta en teoría, sino cuáles ha visto funcionar en locales como el suyo y cuánto cuesta cada uno. Lo primero lo dice cualquier folleto; lo segundo, no.
El dinero que llega más tarde no es una comisión
Se confunde con un coste y no lo es, aunque se sienta parecido: lo cobrado con tarjeta no aparece en su cuenta el mismo día.
Lo habitual es que el proveedor agrupe lo cobrado y lo ingrese cada cierto tiempo, con unos días de desfase que suelen ser mayores al principio de la relación y se acortan después. No es una retención sospechosa: es cómo funciona el sector.
Lo que sí es un dato del que depende su tesorería es cuántos días son exactamente y qué días de la semana se ingresa. Pregúntelo con esas palabras y pida la respuesta por escrito.
Y hay una pregunta relacionada que importa más que el plazo: adónde llega el dinero. Lo razonable es que llegue a una cuenta suya en el proveedor de pagos y no a la cuenta de la plataforma para que esta se lo transfiera después.
Cambiar de proveedor de pagos
Es más fácil de lo que parece y es la única palanca real que tiene sobre la parte negociable. Conviene saber cómo se hace antes de necesitarlo.
Lo que hay que mirar son tres cosas: si tiene permanencia y cuándo vence, si el datáfono es suyo o alquilado, y si el cobro está atado a algún otro contrato, como el del programa de la carta.
La tercera es la que más ata sin que se note. Si su sistema de pedidos solo funciona con un proveedor de pagos concreto, no puede negociar la comisión sin cambiar también de sistema, y eso es exactamente lo que no debería pasar.
Por eso es una pregunta que conviene hacer al contratar la carta digital y no dos años después: ¿puedo cambiar de proveedor de pagos sin cambiar de sistema de pedidos? Una respuesta afirmativa vale dinero todos los años.
Devoluciones y reclamaciones
Dos costes pequeños que conviene conocer porque llegan cuando uno ya está molesto por otra cosa.
Una devolución normalmente no le devuelve la comisión que ya pagó por el cobro. Es decir, devolver treinta euros le cuesta treinta euros y lo que pagó por cobrarlos.
Y una reclamación del cliente a su banco suele llevar un coste fijo del proveedor, se gane o se pierda. Es pequeño y es una razón más para que el nombre que aparece en el extracto del cliente sea el de su local y no el de una plataforma que nadie reconoce.
Ese detalle del nombre es de las pocas cosas de este artículo que se arreglan en dos minutos y solo el primer día.
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Su ticket medio decide más que el porcentaje
Es la conclusión práctica de todo lo anterior y la que cambia con quién conviene trabajar: dos locales con la misma tarifa pagan porcentajes reales muy distintos si uno cobra cafés y el otro comidas.
La razón es la parte fija por operación. En un local de ticket bajo y muchas operaciones, esa fija repartida puede duplicar el porcentaje que figura en el contrato.
Por eso, al pedir ofertas, dé siempre su ticket medio real y su número de operaciones al mes, y pida el coste en euros. Una tarifa presentada solo en porcentaje no dice nada sobre lo que va a pagar.
Y por eso también una cafetería y un restaurante no deberían negociar igual: a la primera le importa la fija y al segundo el porcentaje. Saberlo es la mitad de la negociación.
La revisión de una vez al año
Es media hora y suele ser la media hora mejor pagada del año en un local que cobre bastante con tarjeta.
- Saque el total cobrado con tarjeta del año y el total de comisiones. Divida: ese es su porcentaje real.
- Compárelo con el que creía tener. Casi nunca coinciden.
- Pida el desglose por tipo de tarjeta y mire si su mezcla ha cambiado.
- Cuente sus operaciones y mire cuánto pesa la parte fija sobre su ticket medio.
- Con esos cuatro datos, pida revisión del margen. Es la única parte negociable.
El paso uno es el que más sorprende. El porcentaje real incluye la parte fija repartida entre todas las operaciones, y en un local de tickets pequeños puede estar bastante por encima del número que le dijeron al firmar.
Y el paso tres explica las subidas que parecen inexplicables: si ha entrado más clientela extranjera o de empresa, su coste medio sube sin que nadie le haya cambiado nada.
El efectivo tampoco es gratis
Es la comparación que casi nunca se hace, porque el coste del efectivo no llega en una factura con un porcentaje escrito.
Cuesta el tiempo de contarlo y cuadrarlo cada noche, el cambio que hay que tener preparado, los viajes al banco, el riesgo de tenerlo en el local y los descuadres, que existen siempre y que nadie apunta.
No decimos que salga más caro que la tarjeta, porque eso depende de su local y no lo podemos saber. Decimos que la comparación honesta no es «comisión contra cero».
Si quiere el número de su casa, cronometre el cuadre de caja durante una semana y súmele los viajes al banco del mes. Es un cálculo aproximado y sigue siendo mejor que suponer.
Qué se puede pedir y qué no
Conviene saberlo antes de sentarse, porque pedir lo que no se puede dar hace perder credibilidad en lo que sí.
No se puede pedir que le bajen la tasa de intercambio ni la de la marca: son iguales para todos los comercios y no las fija su proveedor. Quien le diga que se las baja, le está bajando su propio margen y llamándolo otra cosa.
Sí se puede pedir margen, revisión anual con los datos del año, mejora al subir el volumen, y quitar o reducir el alquiler del aparato.
Y se puede pedir algo que no es dinero y a veces vale más: el detalle por tipo de tarjeta. Sin él no hay forma de saber si su coste sube porque le han subido la tarifa o porque ha cambiado su clientela.
Cómo comparar dos ofertas de pagos
- Pida el porcentaje y la parte fija por operación. Las dos, siempre.
- Dé su ticket medio real y su número de operaciones al mes, y pida el coste en euros.
- Pregunte qué pasa con tarjetas de fuera de Europa y con tarjetas de empresa.
- Pregunte el plazo de ingreso y qué días se ingresa.
- Pregunte si hay alquiler de aparato, cuota mínima mensual o permanencia.
- Y saque de la comparación todo lo que no sea del cobro: la cuota del programa de la carta va en otra cuenta.
El paso dos es el que convierte una conversación de porcentajes en una conversación de euros, que es la única que permite decidir. Un proveedor que no quiera hacerle ese número con sus datos le está diciendo algo.
Cuatro cosas que no conviene aceptar
- Que la cuota del programa y la comisión de la tarjeta vengan juntas y no se puedan separar.
- Cambiar de proveedor de pagos como condición para contratar una carta digital.
- Que el dinero pase por la cuenta de la plataforma antes de llegar a la suya, sin que se lo expliquen.
- Una permanencia larga en la parte de pagos atada a la del software.
La segunda es la más frecuente y la que más cara sale. Si un proveedor de carta digital le pone como condición cambiar de datáfono, ya no le está vendiendo una carta: le está vendiendo una mudanza con otro presupuesto y otra permanencia.
Qué cobramos nosotros
Para que quede claro de dónde le hablamos: nosotros no cobramos ninguna comisión sobre su facturación. Se paga por punto de pedido, 50 € al mes con diez puntos incluidos y 5 € por cada punto a partir del undécimo.
La comisión de la tarjeta no es nuestra: es del proveedor de pagos, igual que la de su datáfono actual, y el dinero llega a una cuenta suya y no a la nuestra.
Eso significa que en cualquier oferta que compare con la nuestra hay dos números a separar, y que si se los dan juntos, no está comparando nada.
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Preguntas frecuentes
¿Quién paga la comisión de la tarjeta?
El comercio, siempre. Y se reparte en tres: banco emisor, marca de la tarjeta y proveedor del servicio. Solo la tercera parte se negocia.
¿Puedo cobrarle un recargo al cliente por pagar con tarjeta?
No con libertad: en la Unión Europea está limitado para las tarjetas de consumidor más comunes, y tiene matices. Consúltelo con su gestoría antes de poner ningún cartel.
¿Por qué mi porcentaje medio sube en verano?
Lo más probable es que haya cambiado su mezcla de tarjetas: las emitidas fuera del Espacio Económico Europeo no están sujetas a los límites europeos y cuestan más. No es que le hayan subido la tarifa.
¿Por qué los cobros pequeños salen tan caros?
Por la parte fija por operación, que pesa mucho sobre un café de dos euros y nada sobre una comida de cuarenta. Al negociar, pregunte siempre por esa fija y no solo por el porcentaje.
¿La comisión de la tarjeta la cobra la plataforma de la carta?
No debería: es del proveedor de pagos. Si en una oferta vienen juntas y no se pueden separar, pídalas por separado antes de comparar nada.
¿Sale más barato cobrar en efectivo?
Depende de su local y no se puede saber sin medirlo. El efectivo cuesta tiempo de cuadre, cambio preparado, viajes al banco y descuadres: la comparación honesta no es «comisión contra cero».
En resumen
La comisión la paga el comercio y se compone de tres piezas, de las cuales solo el margen del proveedor se negocia. La parte fija por operación es la que decide en un local de tickets pequeños, y las tarjetas de fuera de Europa explican las subidas de verano.
Y lo más importante para comparar: separe siempre lo que es del cobro de lo que es del programa. Una oferta que las junta no se puede evaluar, y casi nunca las junta por casualidad.
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